Coordinar e improvisar, habilidades demostradas por Albert Speer, sumado a esto la presión del tiempo. Su misión: completar una imponente e intimidante cancillería, transmitir, hacer sentir al visitante el poder del reich.
Es difícil juntar trabajar cuando tienes encima el tiempo, que es un factor determinante para la planeación y organización de cualquier proyecto. Sin embargo Speer y muchos otros han demostrado que un poco de voluntad y organización dan buenos resultados.
Así el caso de el diseño y elaboración de el Museo del Chocolate de Nestlé, Toluca, México, tarea a cargo de la creatividad de Michel Rojkind. Las formas y los espacios que contiene, así como los tiempos, están llevados al límite. Quiebres y tiempo récord: tres meses para proyectar y construir.
Situado sobre la lateral de la autopista en la entrada de Toluca, en el extremo de una instalación industrial de trescientos metros de largo, este juguete a escala urbana invita a un recorrido emocional, que se convierte en la entrada a un mundo mágico, al recorrido por la fábrica de chocolate que poco tiene que envidiar de la de Tim Burton.
Una especie de origami zigzagueante dando la apariencia de el choque de trenes y los triángulos del caleidoscopio desplegado, acentúan las diferencias de planos. El vestíbulo se abre sobre el paisaje para dar cabida a los grupos, entre el mostrador de atención y los sofás en forma de tabletas de chocolate.
Este alebrije (rojo por fuera y blanco por dentro) de papiroflexia urgente, irrumpe como ícono único en la periferia toluqueña, probando una vez más que aunque el tiempo es un factor determinante, no es impedimento para la realización de un proyecto.
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